25 de abril de 2007

Autolaceración

Abordo el autobús,
saco mi libreta y el lápiz más afilado.

Observo las prostitutas
en la esquina del Morazán,
sus faldas desmembradas por el frío
dueñas de las figuras de humo
disipándose por las luces de los autos.

Nada puede alterarme.
Ni siquiera la impotencia que siento
al ver como el único cigarro de la noche se les acaba,
cuando aun faltan tres clientes.

Sigue el recorrido y con él, la espera,
hasta que a la cobra de grafito en mi mano
se le antoja inyectar su tóxico,
llenar de veneno esta libreta,
consumar una vez más mi acto de cobardía.